El amor sustentable; Emilce Cuda
El amor sustentable a partir de Laudato Si
“Si vieras la ternura que tengo para darte
capaz de hacer un mundo y dártelo después.
Y entonces si te encuentro seremos nuevamente,
desesperadamente los dos para los dos”
Tango: Que falta que me haces
Para Francisco, Dios es eso, quien crea un mundo, por pura ternura, para darlo después; y además es capaz de sostenerlo para que se tenga una vida buena. Un tango. El lenguaje del símbolo, este de la sapiencia popular, sin metafísica -como dice Fernando Pessoa en su poema Tabaquería-; un lenguaje capaz de hacer presente el todo en la parte; capaz de unir la diferencia. Ahí, la relación; la lógica justa del uno para el otro, el amor: gritar un nombre enamorado.
Dios verdadero es, para la teología de Francisco, quien crea un mundo y puede sostenerlo. Una promesa de amor sostenida y sustentable. Dios es quien crea un mundo con la palabra y lo sostiene con los hechos. Crear mundos es una tarea que pueden hacerla distintos tipos de dioses. Pero, crear un mundo y sostenerlo en la vida buena sólo es capacidad de un dios verdadero. Dentro y fuera del cristianismo, quien pueda crear un mundo y sostenerlo será Señor de la historia. Como tal, será entronizado y alabado por su pueblo fiel: Laudato Si -modo efectivo de legitimación en los gobiernos populares, es decir, aquellos que son reconocidos por el pueblo.
Ser un dios capaz de sostener en la vida es ser un dios providente. Eso significa que sustentabilidad es otro modo de decir providencia. El dios que fundamenta la modalidad relacional actual, la de una cultura de la muerte (AP 185) y la de una economía que mata (EG 53) es el dios creador del mundo de los últimos dos siglos (LS 46), pero no es: ni un dios personal, ni un dios relacional. En consecuencia, no es un dios sustentable ni providente ya que no puede sostener en la vida buena. Tampoco es un dios misericordioso que pueda compadecerse del sufrimiento humano. El dios “uno” del mercado -en las condiciones actuales del modo de producción industrial financiero-, que genera a su imagen y semejanza un modelo de hombre individualista y un sistema de relaciones asimétricas, no es un dios verdadero simplemente porque no es sustentable de la misma vida que crea. La prueba de ello está en ver la realidad: pobre, hambrienta, contaminada, explotada, traficada, injusta. El Dios Uno y Trino, que genera a su imagen y semejanza un modelo de hombre relacional, es un dios verdadero porque sostiene en la vida.
La foto de la realidad económica explica por qué Francisco no habla de la pobreza sino de la riqueza como origen de la desigualdad. Según Thomas Piketty el 1% de la población poseerá en el siglo XXI el 90% de la riqueza. La concentración de la riqueza alcanzará en el siglo XXI los niveles del siglo XIX. Se estará nuevamente ante una sociedad patrimonial y rentista de alta concentración de capital y baja productividad. Si bien la utilidad marginal junto a la educación, la formación y la tecnología explican en el largo plazo la evolución del capital general de una sociedad, en el corto plazo el capital estará “encarnado” en el 1% de la población. Para Piketty, “una desigualdad tan extrema se sostiene no solo con la eficacia de un aparato represivo, sino también con la eficacia de un aparato de justificación”. Las normas sociales generan la aceptabilidad tanto de la pobreza como de la riqueza. En los sistemas de creencias respecto a la contribución de unos y otros en la producción y el crecimiento del país es, según Piketty, donde se debe intervenir. El problema es cómo se percibe la riqueza. Una Iglesia en salida se trata, entonces, de una Teología de la Cultura, de una conversión cultural en el modo de justificación de la desigualdad.
Intuyo que Laudato Si es la última de las encíclicas sociales, porque se compadece del sufrimiento del hombre a causa de relaciones sociales asimétricas o injustas, pero también la primera encíclica estético-política ya que entrona al Dios verdadero para convertir esas relaciones en simétricas y garantizar-sostener una vida buena para todos. Dicho de otro modo:
Laudato Si es una encíclica social porque la cuestión sigue siendo la pobreza generada y perpetuada por un modo de producción (LS 145) cuyas relaciones sociales son de explotación de la naturaleza (LS 4; 67), de los recursos (LS 11; 33; 41), del planeta (LS 27; 145), de las especies (LS 35), del sexo (LS 123), de la tierra (LS 134), pero que hoy se ha vuelto, además, un sistema de relaciones en crisis, ya que no puede hacer sustentable el mundo que ha creado -el del mercado y el consumo-, y amenaza a todos de muerte, no solo a los pobres-trabajadores. La novedad es que a ese sistema Francisco lo llama ecológico y no capitalismo, justamente por entenderlo como sistema de relaciones, es decir, como un eco-sistema-social-político-económico, donde las relaciones se han vuelto perversas (LS 52). Para la antropología teológica cristiana el ser es relacional. Por eso, para este papa, la crisis debe percibirse como lógica relacional que ha devenido perversa, de allí que la denomina ecológica (LS 101); como una lógica relacional de la vida misma, para lo cual la salida es cultural. El modo de salir de la crisis, para Francisco, es la conversión ecológica, es decir una conversión en la lógica de la relación. La misión que impulsa es predicar esa conversión en otro lenguaje que no sea el paradigma tecnocrático que sustenta de manera hegemónica el sistema de relaciones tal cual existe hoy, sino que debe predicarse en un lenguaje simbólico (LS 53; 144; 150; 235), capaz de poner de manifiesto la demanda por la vida como interés último de la especie, y por tanto universal. Nota Francisco que, en el s XXI, la cuestión social amenaza no solo al pobre, sino también a todos los sectores sociales, y al planeta entero -aunque no terminara con la vida porque esta depende del Dios verdadero que es más poderoso que el dios dinero-, porque como dice San Pablo en la Carta a los Romanos: “Donde abundó el pecado sobreabundó la gracia” (Rm 5,20).
Laudato Si es una encíclica estético-política porque, ante la amenaza del mercado divinizado, como causa cultural principal de la crisis ecológica (LS 56; EG 56), el documento entrona al Dios Uno y Trino en la primera frase: “Laudato Si, Mi Signore” (LS 1). Entronar es un acto político, una decisión de un pueblo como sujeto, por el cual se indica quien es el Señor. Con ese gesto de entronización Francisco inscribe la cuestión social en el campo de lo político -y no de lo económico. La entronización se realiza mediante una expresión poética Laudato Si -Alabado Seas-, un canto de alabanza con el que pone de manifiesto en lenguaje simbólico quien es el verdadero Señor, capaz de dar la vida y sostenerla (LS 62-100). La alabanza Laudato Si, al comienzo del documento, es un gesto estético-político que, al mismo tiempo que entrona al Señor verdadero, desenmascara al falso señor, al fetiche que constituye el paradigma tecnocrático, el cual ha sido divinizado y puesto como fundamento cultural necesario, inviolable, de un sistema que no es providente ya que, si bien creó un mundo de consumo, sin embargo, no puede mantener en la vida a quienes lo habitan. Su teología economía, en tanto fundamento sacralizado del modo de administrar los bienes creados, mata -hambre, contaminación, guerras, etc.-; y su teología política es falsa porque su dios no es verdadero, en tanto que no puede sostener en la vida.
Laudato Si es un documento teológico, no político, porque los principios desde los cuales hará una hermenéutica situada de la realidad para luego juzgar como actuar, son principios evangélicos. El juicio que practica esta nueva encíclica social no se realiza desde los principios políticos de la república moderna puestos como necesarios -igualdad entendida como tolerancia y no como misericordia, y libertad entendida como deseo y no como liberación-, ni desde el principio económico de la autorregulación del mercado, con sus promesas efecto cascada y su progreso infinito. Se juzga desde el principio teológico judeo-cristiano que es El Evangelio de la Creación (LS 62-100), que postula como dios al Dios Uno y Trino, que es vivo, personal, relacional, providente, misericordioso y liberador.
Las encíclicas sociales surgen en el contexto del antagonismo del siglo XIX causado por la desigualdad social entre trabajo y capital, generada a partir de relaciones de trabajo-capital en condiciones de explotación. El actual sistema de relaciones sociales -que como todo sistema es una lógica de relación-, tuvo la particularidad de haber transformado las relaciones sociales -las cuales naturalmente son simétricas, y por eso justas-, en injustas -es decir asimétricas. Con el modo de producción industrial, las relaciones entre los hombres creados iguales -según sostiene el propio deísmo del siglo XIX que dio el fundamento teológico a la política republicana moderna, el dios uno de Jefferson, creador, pero no providente-, dejan de ser simétricas y se convierten en relaciones de explotación de unos sobre otros, es decir, asimétricas. Ese sistema de relaciones sociales también generó organizaciones obreras en busca de derechos sociales como garantía de su dignidad ante los derechos civiles conseguidos por la burguesía, las cuales luego constituyeron los partidos políticos del siglo XIX y XX.
La encíclica del Papa Francisco no se ocupa del equilibrio “entre” las partes, “dentro” de un mismo sistema, sino de un cambio de sistema a partir del cambio en los fundamentos de su lógica relacional. Francisco no propone modificaciones en los modos económicos y políticos actuales, sino un cambio de paradigma cultural que como resultado cambiará los modos económicos y políticos. Propone llevarlo a cabo en un lenguaje no científico, sino por fuera de este. Propone un lenguaje simbólico, que conserva en su interior como núcleo mítico la sapiencia popular; y lo propone mediante otra forma de educación, en diálogo con la ciencia, la economía y la política.
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